Problema de injusticia
Romanos 1-3
En su
saludo introductorio a los creyentes en Roma, el apóstol Pablo establece el
tema de su carta: el evangelio de Dios en Jesucristo (1:1,3,9,16). Escribiendo como un abogado, Pablo comienza
su narración legal describiendo la condición caída de la humanidad. Una naturaleza rebelde ha llevado al rechazo
del Creador y a la adoración de la creación.
Dios ha permitido que la naturaleza pecadora de los seres humanos
exprese la plenitud de su corrupción.
Civilizados o salvajes, judíos o gentiles, toda la raza humana está
incapacitada ante Dios. Verdaderamente,
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos
3:23).
Dos
cristianos estaban hablando del presidente de una corporación quien había
muerto recientemente. El ejecutivo había
sido un hombre moral y un filántropo, pero un devoto ateo que jamás se intereso
en creer en Jesucristo como su Salvador.
Un amigo dijo, “ Es difícil creer que él no esté en el cielo. El era un hombre tan bueno, tan considerado
con sus empleados, tan generoso con toda la gente”. A lo que el otro respondió con las palabras de Juan 3:18, “El que
en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque
no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.
Quizás tú
también, tienes dificultad en entender la condición de los perdidos...o tu
propia perdición fuera de Cristo. Lee
Romanos 3 otra vez, hasta que entiendas la cruda verdad de la depravación humana. La única esperanza de la humanidad – y la
tuya- es la fe en la obra terminada de Cristo.
Es tan simple como aceptar la oferta de Dios de “salvación a todo aquel
que cree” (1:16) ¿Quieres venir a Jesucristo creyendo ahora mismo?
Judíos y
gentiles están en la misma condición ante Dios. Pablo señala que si la antigua prioridad de los judíos de
privilegio contaba para algo, significaba prioridad de responsabilidad. Jesús recordó a sus seguidores que a los que
se les da mucho, mucho se les demanda (Lucas 12:48).