El rol de la Mujer
Una pregunta que ayuda a definir el rol de la mujer en
el contexto familiar.
¿Obstaculizadora
o facilitadora?
Es común en las grandes ciudades, mientras uno se dirige al
trabajo o regresa de éste, encontrarse con atochamientos en las carreteras y
avenidas. En estas situaciones no se puede retroceder, porque hay vehículos
detrás. Simplemente hay que esperar, aunque uno quisiera que el auto tuviera
alas para superar el obstáculo y poder seguir el camino. Si no se puede tomar
otra dirección, lo único que nos queda es esperar.
Estas situaciones, vividas a diario, me hacían pensar en qué
sucede cuando nosotras somos un obstáculo para el accionar del Señor ¿Qué hace
el Señor cuando somos un obstáculo en su camino, en el cumplimiento del
propósito de Dios.
Ezequiel capítulo 1, versículos 9,12,17 y 20 nos indica que
tanto los querubines como «las ruedas» andaban hacia delante, no se volvían. El
principio que podemos extraer de esta lectura es que el Señor va siempre hacia
delante; no puede esperar, ni tampoco desiste ¿Qué pasa cuando Dios no
encuentra el vaso adecuado? Viene el juicio de Dios, lo que significa que él
busca otro vaso.
Hermanas, el Señor nunca se desvía. Tal vez toma una nueva
dirección, pero continúa siempre hacia adelante. Si somos estorbo, Dios sigue
en una nueva dirección, pero avanza siempre. Somos un obstáculo (Fil. 2:21)
cuando buscamos lo «nuestro». Somos facilitadoras cuando nos acomodamos al
pensamiento de Dios.
Como mujeres, muchas veces creemos que nuestras decisiones y
acciones no traspasan los límites de nuestra casa; que sólo quedan en el
terreno de lo doméstico y que no van a afectar a nadie más que a nosotras. Pero
lo que hacemos o no hacemos puede ser un obstáculo o un medio para que la
gloria de Dios se manifieste. Las consecuencias de una u otra decisión pueden
afectar no sólo a nuestra familia, sino también a la iglesia.
Veamos en las Escrituras cómo algunas mujeres fueron
«obstaculizadoras», o bien, facilitadoras», con respecto a:
1.
EL
ESPOSO
Jezabel (1 Reyes 21, Apocalipsis 2:18).
Aquí vemos un claro ejemplo de una mujer que llevó el gobierno espiritual,
«incitó» a su esposo a hacer el mal (v. 25). Fue un obstáculo, y su acción tuvo
una grave consecuencia: no tuvo descendencia. No se volvió a saber más ni de
Acab ni de su esposa.
Como esposas podemos
interferir en el servicio al Señor de nuestro esposo, en las decisiones que hay
que tomar respecto al servicio, en las apreciaciones respecto de una situación.
Nuestros comentarios no quedan en nuestras cuatro paredes, tienen una consecuencia
eterna.
Abigail (1 Samuel 25)
Ella fue una facilitadora del propósito de Dios. Le salva la vida a su marido y
no lo desautoriza, a pesar de que es un insensato. Y detiene a su futuro esposo
de derramar sangre. David la bendice, bendice su inteligencia y su actuar (v.
32). Su decisión tuvo una consecuencia: fue reina.
2.
LOS
HIJOS
La madre de Juan y Santiago (Mateo 20:20).
El amor maternal puede estorbar lo que el Señor quiere hacer. Parece insensato
decir que el amor de una madre por sus hijos pueda ser malo, pero así es cuando
se introduce un elemento natural en el propósito de Dios. Esto trajo
consecuencias: los discípulos se enojaron (v. 24). Esta intervención dañó la
relación entre ellos: «la iglesia fue dañada». ¡Cuántas veces hemos visto en la
iglesia madres que pelean y luchan, evidentemente o en forma camuflada, para
darle un lugar de privilegio a sus hijos, o para defenderlos de una disciplina!
La madre de Moisés
(Éxodo 2, Hebreos 11:23).
Esta madre en cambio, facilita el objetivo que tenía Dios, en su vida y su
obra. No dejó que mataran a su hijo y lo entregó, por fe, al Señor (¿Quién le
aseguraba que se iba a salvar?). Perdió a su hijo, pues tal vez Moisés nunca la
reconoció como mamá, hasta que fue grande. En verdad, no lo sabemos. Lo que sí
sabemos es que por un acto de fe de una madre, Moisés fue el libertador del
pueblo hebreo, y el plan de Dios siguió su curso.
3.
TRADICIÓN
Mical (2 Samuel 6:17).
Ella era hija del rey Saúl. Era hija de rey y esposa de rey. Mical sabía cómo
debía comportarse un rey, lo que debía hacer y no hacer. Cuando ella vio a
David danzar de esa manera, pensó que esa no era la conducta apropiada para un
rey. Nunca había visto algo así de parte de un rey. Mical reaccionó
irónicamente, aferrándose a su dignidad, a lo que tenía como su tabla de
salvación. Como consecuencia de este acto, nunca tuvo hijos. No tuvo frutos.
¿Estamos nosotras abiertas al mover y a la dirección de Dios en su iglesia o
estamos aferradas a la tradición, a lo que hicimos o vimos en el pasado?
María (Mateo 12:47).
En este episodio su hijo casi la desconoce, la pone a la altura de todos sus
hermanos, y no le da ningún privilegio por ser su madre. María no se casó como
todas las mujeres de su época, y afrontó una situación social muy difícil. Su
hijo no fue como todos; no vivió como todos y no murió como todos. María
abandona la normalidad de la vida para que el plan de Dios se cumpla. De más
está explicar las consecuencias que tuvo para la humanidad el que haya habido
una mujer facilitadora del camino del Señor.
Hermanas, las invito a leer varias veces Romanos 14. Allí se
nos presenta otro gran obstáculo (v. 13) que consiste en «juzgarnos entre nosotras».
Se nos insta a no destruir la obra de Dios (v. 20) y a facilitar la edificación
de Su cuerpo. De nada nos serviría por ejemplo, ser facilitadoras en el
propósito de Dios si usamos eso como medida para las demás hermanas y las
juzgamos por no imitar nuestras acciones.
Luego, debemos preguntarnos sobre nuestra posición ante el Señor: ¿Somos
facilitadoras u obstaculizadoras?