ALTURAS
Era la primera vez que Claudio saldría de su país y no lo haría de
cualquier manera: abordaría un avión que lo llevaría a destino luego de
tres horas de viaje. Nunca antes había volado, por lo que tenía mucha
curiosidad por saber qué sentiría durante la travesía.

-“En minutos más iniciaremos el despegue” – anunció el comandante por la
megafonía interna del aeroplano – “Por favor, abróchense los cinturones de
seguridad y sigan con atención las instrucciones de nuestra tripulación”.
La adrenalina corría por las venas de Claudio durante el carreteo del avión
a través de la pista, al tiempo que cerraba sus ojos en un esfuerzo por
calmar sus nervios.

En cuestión de segundos la aeronave se elevó y empezó a surcar el cielo
sobre la ciudad. ¡Claudio no pudo resistir! A pesar del “nudo” que sentía
en su estómago, abrió sus ojos y miró a través de la ventana. ¡No lo podía
creer!

Abajo estaba la ciudad, pero nada se veía igual. Desde las alturas todo
parecía de juguete: los enormes edificios, el estadio nacional, la estación
de trenes, los vehículos atascados en la zona céntrica, el río que cruza la
ciudad… ¡un mundo diferente!

¡Qué experiencia interesante mirar las cosas desde otra perspectiva!

Ese problema que te parece gigante. Esos pensamientos de inferioridad que
no te permiten conquistar tus sueños. Esas palabras que te han hecho sentir
que no eres capaz. ¡Qué distinto se ve todo cuando le pides a Dios que te
ayude y te permita ver tu realidad desde su perspectiva!

Un sabio de la Antigüedad escribió: “Porque el Señor me da fuerzas; da a
mis piernas la ligereza del ciervo y me lleva a alturas donde estaré a
salvo”.*

Conocer a Dios cada día al hablar con él en oración y escuchar su voz al
leer la Biblia, te ayudará a ver tu vida y tus problemas en la dimensión
correcta.